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Las Naciones Unidas han freacasado
Habría que tomar acciones, decirlo claramente, no desperdiciar tiempo con reformas y alquimias institucionales que no serán nunca aprobadas y que no cambiarán, ni un poco, la sustancia, que es esta: respecto a las grandes cuestiones, como la seguridad y la paz, la ONU es un ente inútil o mejor dicho dañino. Es una Organización Internacional que ha traicionado el espíritu de sus fundadores, que ha renegado de los principios contenidos en su propia Carta constitutiva. Las Naciones Unidas habría que saludarlas, después cerrarlas y luego sustituirlas con algo diferente, quizás con una Alianza de las Democracias o, mejor todavía, con una Organización Mundial de las Democracias.
Como relata Christian Rocca en su libro “En contra de la ONU”, respecto a las grandes cuestiones como la seguridad y la paz, el ONU es un ente inútil o mejor dicho, dañino. El Consejo de Seguridad y la Asamblea General han traicionado el espíritu y los principios contenidos en la Carta constitutiva, como demuestran los numerosos desastres y escándalos, desde el genocidio en Ruanda del 1994 hasta la corrupción gigantesca ligada al programa humanitario Oil for Food descubierta en 2004. Se impone un nuevo modelo de acción global porque las Naciones Unidas son hijas de la Guerra Fría; hoy el mundo ha cambiado, las frecuentes crisis locales no responden más a la lógica geopolítica del bipolarismo, sino que requieren de análisis e intervenciones que en los últimos años solo Estados Unidos han demostrado saber operar. En enero del 1999 Madeleine Albright, Secretaria de Estado durante la Administración Clinton, declaró al diario Los Ángeles Times que su prioridad principal, antes de dejar el mandato, era la creación de una comunidad mundial de democracias. Este objetivo se convirtió en realidad el 25-27 junio del 2000 cuando 106 naciones se encontraron en Varsovia, en Polonia, donde fundaron la Comunidad de las Democracias (CD) y se comprometieron a respetar los principios de democracia y de derechos humanos contenidos en la “Declaración de Varsovia”. Con esta Declaración las naciones se comprometieron “a respetar y sostener los principios de las prácticas democráticas”. Es un primer paso, pero los promotores son todavía las “grandes potencias” y sus aliados.
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